¿Qué está pasando?

Nos enfrentamos a la mayor y más extensa vulneración global y sistemática de derechos humanos: la explotación sexual.

La explotación sexual es el aprovechamiento o el intento de aprovechamiento de una situación de vulnerabilidad o de diferencia de poder o el abuso de la confianza para fines sexuales, lo que, entre otras cosas, incluye obtener ganancias monetarias, sociales o políticas por explotar sexualmente a otras personas así como ofrecer dinero, oportunidades laborales, bienes o servicios a cambio de sexo (Agencia de la ONU para los Refugiados, ACNUR).

Una expresión extrema de la explotación sexual es la trata de personas. La trata es la captación de una persona, recurriendo entre otros a la fuerza o al abuso de poder o de la situación de vulnerabilidad, con el fin de explotar a la persona y obtener un lucro de esta (Protocolo de Palermo, 2000).

El escenario principal de la explotación sexual y de la trata es la prostitución. La trata de personas, la explotación sexual y la prostitución son fenómenos inseparables.

El sexo transaccional se considera una forma de explotación sexual, sin importar qué diga el marco jurídico de un país al respecto (ACNUR).

La explotación sexual comercial es uno de los negocios criminales más extensos y lucrativos de nuestros tiempos. Mientras un arma o un narcótico puede ser vendido una sola vez, el cuerpo de una mujer puede ser vendido miles de veces.

En España, la situación es GRAVE. Somos el primer país de destino de trata en Europa y el tercero en el mundo en consumo de prostitución (UNODC, 2018).

La explotación sexual es un delito que se adapta rápidamente a los tiempos y, en la actualidad, en España está encubierta en pisos clandestinos de prostitución, chats de mensajería, páginas web de falso “empoderamiento”, anuncios pegados en nuestro parabrisas, etc. Está oculta a plena vista.

La prostitución es explotación sexual. Es la degradación máxima de la mujer y el ejercicio de violencia sobre ella con un billete por medio. Es un negocio criminal y horrífico que se mantiene debido a la demanda de sexo y de cuerpos de mujeres a cambio de un pago.

Sin demanda, no hay prostitución y no hay trata.

Por causa de la vista gorda del gobierno, de empresas y de nuestra sociedad, los hombres pueden continuar explotando sexualmente a las mujeres sin freno y sin consecuencias legales.

Es tiempo de abrir nuestros ojos y alzar la voz por las que no pueden. Es tiempo de que el gobierno, las empresas, los hombres y las mujeres se unan para erradicar la demanda y proteger a las víctimas de la industria sexual en todas sus formas.

Es así, como nace la esperanza y la libertad.

De Colombia a España: ¿Qué está pasando con mujeres colombianas víctimas de trata y explotación sexual en España?